El trago de café bajó suavemente por su garganta y Epiménides seguía ahí, al fondo de su conciencia, como una espina. Una piedrecilla. Escrúpulos. Piedras en el zapato. Eso era. Cuántas veces basó sus acciones en aquella esquiva razón, intransigente, lógica, euclidiana: vida recta y bien pensada. ¿Bien pensada? Se dijo. Bien pensada, y bajó la mirada con resignación, con tristeza, como quien sabe que el café se va a acabar, no en la taza, que se va a acabar para siempre, que al final de la vida espera, tranquila, sonriente, farrullera, la muerte.
Epiménides era cretense, y un maldito hijo de puta que se ríe en mi cara ¿Qué es esto? ¿Una burla? Hoy ha sido un día de mierda, fiel reflejo y síntesis de una vida también de mierda. Ciento cuarenta años, si a los putos dieciocho me hubiera quedado en mi pieza, soportando el dolor del cáncer, o abrazándolo con valentía hasta desfallecer, hasta apagarme por completo. Si el puto doctor no me hubiera visto, con esa sonrisa tranquila, bonachona, ya nadie se muere de cáncer, me dijo, ya nadie se muere de cáncer, no, pero se vive una vida de mierda. Qué ganas de decirle ahora ¿acaso tú vas a soportar tanto tiempo vivo? ¿Qué vas a hacer cuando se acabe el café? No el de la taza, cuando se acabe para siempre.
Pidieron la cuenta, caminaron hacia el callejón de siempre, lejos de la autoridad, lejos de la mirada de los otros. Él sacó un papelillo, lo cubrió con las finas hebras del tabaco. Al pasar la lengua por la cinta engomada, recordó la última golpiza que le dieron los pacos por prender un cigarro en la calle frente a unos niños. Mucho tiempo había pasado de aquello. El tabaco se le estaba acabando. El tabaco “se estaba acabando”.
Este orgullo de mierda, de nada, de llevar una vida correcta, y jactarme, de dar cada paso sabiendo lo que va a ocurrir, cálculo, maldito cálculo… y yo fumando, y “yo” fumando. Esta es la vida que me gané, héroe trágico que al final de la obra recibe un pastelazo en plena cara. (Risas del público). Si alguna vez existió Dios y si es que existe, sería como Groucho Marx, pero con ganas de joderte la vida.
Epiménides era cretense y dijo que todos los cretenses son mentirosos, lo dijo y no se retractó, lo dijo en la antigüedad del hombre ¿Y qué? ¿Cómo que “y qué”? es que no entiendo por qué te encabrona tanto. Disculpa, pero… ¿eres huevón? Cálmate, viejo, cuando tomas café y fumas te pones agresivo, eso te va a hacer mal ¿Qué me va a hacer mal? ¡No sabes lo cansado que me tiene esa frasecita mariconcita de mierda! Que “te va a hacer mal” ojalá y me haga mal, ojalá y cayera fulminado de repente, muerto y acabado para siempre. Pero, viejo, sabes que ya no se puede morir, está prohibido, somos gente valiosa, somos los hombres de este planeta, somos… Somos unos conchadesumadres, hermano ¡Date cuenta! Todavía no entiendo ¿Qué te encabrona tanto? Lo tienes todo: educación, salud, comodidad, eres casi un dios ¿Qué te falta, entonces? Sabes, me falta la Muerte, me falta la nada, el fin del cuento… Viejo, esto no tiene fin, hemos alcanzado gracias al progreso el cielo, el paraíso. No, compadre, lo que pasa es que la humanidad murió y está ahora en el infierno por sus pecados. Pero ¿Qué pasa entonces con Dios? Dios sigue vivo en el cielo, pero completamente solo y aburrido. Nietzsche se equivocó, no fue Dios el que murió, fue el hombre y se fue directamente al infierno.
(Silencio. Los personajes se miran a los ojos. El escenario se mantiene igual, sin cambios. Es como si se hubiera acabado el tiempo. Lag).
¿En qué estás pensando, viejo? Nada ¿Cómo que nada? ¿No estarás pensando en la autosupresión? Sabes que es un delito. Sí, lo sé… que me encarcelen entonces, estoy cansado y no voy a permitir más que me digan lo que tengo y lo que no tengo que hacer, ni siquiera yo mismo. Perdimos tantas cosas buenas con este progreso salvífico, que ya ni siquiera sabemos quiénes somos. Espera, no te muevas ¿qué pasa? Tienes algo en la oreja ¿Qué es? No, no puede ser… No puede ser el qué… Amigo, tienes un pelo en la oreja… No, no es verdad, sí, en serio, arráncamelo, nadie lo puede saber, nadie, me oíste. Duele un poco, pero se puede seguir jugando, ¿no será peligroso? claro que es peligroso, y si das aviso, olvídalo… prefiero arrancármelo yo y que nadie se entere… Y vivir una vida de mentiras… Sí, de mentira, como esta que vivimos todos los días.